Bienvenida Biografía Galería Videos Homenajes Contacto HomenajesPOEMA Amaneció, como siempre, pero el Sol enmudeció, del espanto, de la pena, de impotencia, de dolor. Se escuchaban los sollozos de niños, mujeres, y Dios yo no sé donde estaría, pero allí nadie lo vio. La perversidad cabalga las calles de Badajoz, hombres armados ya vienen con una innoble misión, Donoso Cortés la calle, el objetivo un doctor; el doctor Florencio Villa, para silenciar su voz. En la precariedad de ese momento, ni se oye el viento, ni hay palabra que se diga,que describa lo que se siente por dentro. ¡Maldita sea la hora en que ordenaron tu arresto¡ ¡Cuántas almas ese día, ese año, ese tiempo¡ ¡Cuánto dolor en un instante¡¡Cuánto tormento¡ Extremadura lo sabe, ¡que triste cosa saber, a cuanta gente mataron en el año 36¡, y en el siguiente, y el otro.¡Fueron muchos más después¡ Hay que atrincherar el alma para poder comprender, y mantener la firmeza, y nunca perder la fe; aunque parezca inaudito, el camino hay que emprender. Los ojos tristes de un niño, con tan sólo nueve años, ya marcado para siempre, se nublan de llanto pues son testigos de todo, de lo que no imaginaron, de un cambio brutal de todo lo vivido en el pasado. Es el hijo del doctor que sin piedad masacraron, como a tantos que ese día, la muerte no imaginaron. ¡Maldita sea la bala¡¡Malditos sean los disparos¡ Les arrebataron todo, pisotearon sus vidas. La impunidad se ensañó dejando abierta una herida, que no para de sangrar, que sigue viva. ¡Maldita sea la muerte, y aquellos que la originan¡ Pero una madre valiente, no hay nada que no resista. Aida se abrazó a sus hijos, les dio fuerza, les dio vida, para seguir adelante y con la cabeza erguida. El fado suena más triste que ya nunca sonaría, porque Lisboa también llora sus penas y sus desdichas. Que nadie tiene derecho a matar impunemente, ni a apropiarse de lo ajeno, ni a destruir mismamente. Pero aún flotan en el aire cientos, miles de preguntas. ¿Por qué siguen ocurriendo atrocidades como estas? Da igual en qué lugar del mundo se manifiestan. Lo que no tiene sentido traspasa cualquier frontera. La música es el refugio más hermoso de las penas. De las que no tienen cura, de aquellas que dejan huella. Se sienta al piano un señor, que lleva unas gafas puestas. Vestido elegantemente, y con las manos dispuestas a sacar las melodías más hermosas, las más bellas; y así apaciguar recuerdos que llevará siempre a cuestas. Don Luis Villa Landa al piano, sin duda irradia alegría a todo aquel que le escucha. Nadie queda indiferente. Aunque ande en valle de sombra, de muerte, en él no hay más que vida. Medicina contundente para huir de las miserias. ¡Las miserias de este mundo que son tantas¡ Sus ojos tristes aun lloran al asomarse al pasado, a aquel año 36, a lo mucho que ha costado mantenerse firme y andar sin sentirse fracasado. Dejando por el camino, trozos de piel a su paso. ¡Adelante amigo mío¡ No hay tiempo para retrasos, que el mundo entero lo sepa; que tu sigues caminando. ¡MALDITA SEA! Autor: Ovidio Antonio Gómez Rodríguez EN HOMENAJE A FLORENCIO VILLA Florencio Villa Para poder visualizar todos los contenidos debes tener instalada la versión actual de Adobe Flash Player. |